Sobre dios y otras probabilidades absurdas por Daniela Vergara

Siempre me he preguntado por las probabilidades de que yo hubiese nacido en otro país, o en otra época, o que mis padres hubiesen sido Brad Pitt y Angelina Jolie, o incluso de que yo fuese Marlene Dietrich o Louis Pasteur, con quien comparto cumpleaños. Pero, gracias a mi carrera profesional, entendí que somos el producto de la interacción de nuestros genes con el ambiente en el que vivimos, y he generado respuestas a las anteriores preguntas. Las conclusiones a las que he llegado es que es imposible que yo hubiese sido Marlene Dietrich o Louis Pasteur o que hubiese sido la hija de Angelina Jolie con Brad Pitt. Es imposible porque quien soy yo, mi personalidad, mi fenotipo y mi genotipo son determinados por la unión de ese espermatozoide en particular y óvulo en particular que produjeron mi papá y mi mamá respectivamente, y luego por el sitio donde me crié, el amor que recibí de mi familia, la comida que consumo, todas esas cosas que componen el ambiente en el que me he desarrollado.

Las posibilidades de yo ser yo son extremadamente bajas. Asumiendo que mi papá es un hombre promedio, un hombre promedio eyacula alrededor de dos millones de espermatozoides. Ahora, sabemos que el concebir no es una tarea fácil, es mas, es bastante difícil ya que aproximadamente el 70% de los embarazos terminan en abortos espontáneos especialmente en el primer trimestre (1, 2). Por lo tanto yo (y todos ustedes) somos ese 30% restante. Mi mamá intentó durante tres meses quedar embarazada de mi. Así que, si por alguna razón hubiese quedado embarazada el mes anterior, hubiesen sido otro espermatozoide y otro óvulo los triunfantes. Es decir, esa persona hubiese sido mi hermano o hermana….. Es mas, si fuesen el mismo espermatozoide y el mismo óvulo no garantiza que hubiese sido yo, porque como lo expliqué en mi escrito anterior sobre relacionamiento, los hermanos gemelos que comparten todos los genes son personas diferentes, aun teniendo el mismo genotipo. Es decir, compartiendo todos sus genes, estos gemelos padecen enfermedades diferentes, piensan diferente etc. Por lo tanto el ambiente es muy importante para el desarrollo de un organismo. Así que incluso siendo el mismo espermatozoide y el mismo óvulo, tal vez no hubiese tenido el mismo ambiente y entonces yo no sería yo. Así que, aunque suene arrogante, entender las probabilidades de estar vivos, de vivir en este maravilloso planeta, me han hecho apreciar mi vida, me han hecho una persona agradecida pero también humilde. Por otro lado, este entendimiento también es muy interesante porque me hizo comprender que todos somos especiales y afortunados de estar aquí con vida.

Me pregunto cuál es la probabilidad de que Dios exista para otros animales, como existe para nosotros los humanos. Por ejemplo, ya sabemos que los elefantes tienen una estructura social muy fuerte, que duelan a sus muertos (3). ¿Será entonces que los elefantes también piensan en una posible vida después de la muerte? ¿Será entonces que Dios es un carácter ancestral que compartimos con los elefantes? ¿Será entonces que también compartimos el carácter Dios con todos los otros mamíferos? Además, sabemos que los cuervos también duelan a sus muertos, reconocen caras humanas, tienen una estructura social compleja y comunican entre ellos ideas bastante complejas (4, 5). ¿Será entonces que ellos también creen en una vida después de la muerte? Entonces de pronto también compartimos el carácter Dios con los cuervos? ¿Será entonces que el carácter Dios es tan ancestral que lo compartimos con las aves? ¿Eso quiere decir que también lo compartimos con los reptiles? O, ¿Será mas bien que tanto elefantes, como humanos, como cuervos convergimos en este carácter Dios ya que es una consecuencia de tener un cerebro creativo?

Dios es y será siempre una de las hipótesis a todas nuestras preguntas, pero es una hipótesis de imposible examen: ¿qué experimento podemos hacer para probarla? Dios será siempre una respuesta posible a nuestras preguntas, pero es también la respuesta que nos impide buscar otras posibles respuestas a nuestros interrogantes.

Por otra parte, entender que las posibilidades de Dios probablemente son pocas y que probablemente está en nuestro cerebro, y que de pronto lo compartimos con otras especies que también tienen un cerebro creativo nos hace pensar que tal vez, como todas las especies, somos el producto de selección natural y que nuestra existencia es también, un tanto, producto del azar. No somos especiales, somos un individuo más de una especie. Y cuando nos morimos pues es como cuando muere un ratón o un árbol. ¿Qué pasa después? ¡Pues nada! Esto que hay aquí, lo que vivimos ahora es lo único que tenemos y en mi opinión debemos aprovecharlo al máximo. De esto que tenemos ahora, al menos estamos seguros de que existe. Del cielo o del infierno, hasta donde sé, no hay evidencias. O tal vez si las hay, y muchas: para mí, el cielo es cuando mi esposo me abraza todas las mañanas al sonar el despertador, o el pasar algunos días con una buena amiga/o de infancia, el hablar por teléfono largo con mis padres, la ducha caliente después de nadar, una charla con mi hermano mientras oímos buena música o estar reunida con mi familia. Tal vez el cielo más grande fue mi matrimonio, donde estaba toda mi familia y buenos amigos reunidos porque me aman a mí. Y el infierno, por suerte no lo he vivido, pero muchos otros sí. El infierno es un campo de concentración en Corea del Norte o un campo de concentración Nazi, o las casas de pique en Buenaventura, o Guantánamo. Y, en mi mundo utópico y romántico, el infierno algún día dejará de existir.

Referencias:

  1. N. S. Macklon, J. P. M. Geraedts, B. C. J. M. Fauser, Conception to ongoing pregnancy: the ‘black box’of early pregnancy loss. Human Reproduction Update 8, 333-343 (2002).
  2. A. J. Wilcox, C. R. Weinberg, J. F. O’Connor, D. D. Baird, J. P. Schlatterer, R. E. Canfield, E. G. Armstrong, B. C. Nisula, Incidence of early loss of pregnancy. New England Journal of Medicine 319, 189-194 (1988).
  3. H. van Bakel, J. M. Stout, A. G. Cote, C. M. Tallon, A. G. Sharpe, T. R. Hughes, J. E. Page, The draft genome and transcriptome of Cannabis sativa. Genome Biology 12, (2011); published online Epub2011 (10.1186/gb-2011-12-10-r102).
  4. J. Marzluff, Gifts of the crow: how perception, emotion, and thought allow smart birds to behave like humans. (Simon and Schuster, 2013).
  5. J. M. Marzluff, T. Angell, In the company of crows and ravens. (Yale University Press, 2007).
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s